divendres, 16 de juliol de 2010

SER UN REPRIMIT SEXUAL (II)

La guerra dels sexes - o, millor dit, la guerra del sexe- torna a estar d'actualitat ara que en ZP vol prohibir els anuncis de contactes dels diaris. Permeteu-me penjar un comentari que el meu amic Paolo (no us perdeu el seu blog "No en Portland") va fer fa poc en fòrum, fent referència a l'escriptor Michel Houllebecq.

"Houllebecq viene a decir en su libro Ampliación de Campo de batalla y en otros que aparte de las tensiones y dialecticas de clase socioeconomica, tan y tan estudiadas existen otra dialectica enconada que tiene con la sexualidad como base.

Al igual que existen desposeidos socioeconomicos existen desposeidos sexuales, subclases, castas desfavorecidas por combinación de diversos factores: status, apariencia, edad, etc… que conforman una especie de proletariado sexual frente a una clase dirigente o satisfecha (Los jovenes y bellos… ) Esto acaba por generar una suerte de estructura y superestructura y por supuesto una jerarquia social que puede ser tan opresiva como la socioeconómica… (Aquí se antojan diversas peliculas que pueden ilustrar el tema: Porkys, American Beauty, American Pie, Happiness, etc…)

Ciertamente cuando Marx analizaba las neurosis del hombre alegaba razones economicas y dejaba de lado uno de los mayores factores de alienación : la privación sexual. Entiendo yo que ninguna antropologia puede plantearse sin tener en cuenta las pulsiones sexuales. (No soy un gran conocedor de Marx pero recuerdo que siempre se le acusó de ceñir su materialismo a factores económicos ).
La antropología de Houllebecq viene a enriquecer la perspectiva de la dialectica marxista. Una vez que en las sociedades occidentales se ha establecido una clase media extensa y se consolida el individualismo así como la libertad sexual, se establece una feroz división social entre aquellos con acceso a la sexualidad y aquellos que no y encima dentro de una esfera ultraliberal, ultraliberalizada y ultrasexualidad que no hace sino que despertar y estimular los apetitos pero sin la posibilidad de saciarlos en muchos de los casos de una forma natural, civilizada o no remunerada…

Houllebecq como pesimista redomado no aboga sin embargo por ninguna revolución. El cree más por ejemplo en la desacralización y desromantizacion del sexo y la generalización y aceptación de la prostitución como vehículo para mitigar las neurosis de los frustados… O eso o el surgimiento de culturas opresoras que pongan fin a este sindios."